La confianza, en el contexto de las empresas familiares, debe buscar impulsar al planteamiento y seguimiento de estrategias que promuevan el cambio dentro de la empresa, con el propósito de alcanzar su crecimiento continuo.
En el camino de comprender cómo las organizaciones pueden ser exitosas en procesos de transformación, uno de los factores clave es la confianza. El sentido común lleva a creer que, a mayor confianza, mejor podremos encontrar las soluciones necesarias y tomar las decisiones correctas hacia una transformación exitosa. Estudios recientes han encontrado evidencia de que la cantidad de confianza que sentimos puede ser engañosa. Lo que marca la diferencia es comprender la situación, lo que demanda, así como la confiabilidad de los otros. En consecuencia, para crear confianza ante un proceso de transformación, la empresa familiar necesita desarrollar competencias que le den flexibilidad y confiabilidad de que podrá adaptarse.
En años recientes hemos sido testigos de una mayor complejidad y turbulencia en los contextos político, económico, social, medioambiental y tecnológico. Las empresas que han logrado sobrevivir e incrementar su valor, lo han hecho no por ser más fuertes, sino por entender cómo adaptarse ante las nuevas circunstancias. Tradicionalmente, las empresas familiares se reconocen a sí mismas como ejemplo de estabilidad y empatía hacia su entorno, a través de vivir los valores familiares, para la creación de su patrimonio y negocio. Como consecuencia, las familias empresarias apuestan a invertir en su propio legado y en mantener los valores y tradiciones que les probaron ser redituables en sus inicios. Entornos cambiantes y turbulentos ponen cada vez más a prueba los modelos tradicionales definidos por dichas familias, y las llevan a cuestionarse si la estructura que han construido brinda los recursos necesarios para adaptar su negocio a un futuro cada vez más difícil de predecir.
John Davis, en su artículo publicado en Harvard Business Review en 2020, recomienda a las empresas familiares el desarrollo de competencias que les permitan adaptarse ante circunstancias cambiantes y manteniendo su esencia:
- Reorientar a los dueños y darles nuevas herramientas. Dueños capaces, alineados y leales son siempre un pilar esencial. Esto es más relevante en la actualidad porque demanda mayor agilidad y certeza en la toma de decisiones estratégicas. Más que un derecho de nacimiento, la propiedad de la empresa familiar debe entenderse con profesionalismo, desarrollando, capacitando y preparando a sus dueños en nuevas competencias que les den las habilidades necesarias para mejorar su capacidad de toma de decisiones y así llevar a la empresa a través de un proceso exitoso de adaptación.
- Prepararse y alistarse para el movimiento. Es imposible predecir el futuro con certeza; sin embargo, sí es importante desarrollar herramientas que permitan anticipar y responder rápido ante los cambios de señal. Es fundamental llevar a cabo un monitoreo constante del entorno, así como explorar con curiosidad las circunstancias y cómo estas van cambiando. Hacia adentro de la empresa, es aún más relevante evaluar con objetividad las herramientas, recursos y habilidades que aún no ha desarrollado el negocio y que necesitará a lo largo del proceso de adaptación. Desarrollar una cultura de emprendimiento e innovación, que le permita explorar nuevas avenidas y explotar al máximo los recursos y capacidades actuales, puede permitir a la empresa una mayor agilidad y flexibilidad.
- Acelerar la transformación digital. El día de hoy sabemos de la relevancia y los beneficios que el desarrollo de capacidades digitales tiene para las organizaciones y las personas. Estudios han demostrado que, en el caso de las empresas familiares, este proceso no se ha dado necesariamente al ritmo que demanda el entorno. Los dueños y líderes deben volverse expertos en temas de transformación digital y traducirlos de acuerdo con la realidad y necesidades de su negocio, considerando tanto la mejora en sus procesos, como los riesgos que dicha digitalización puede tener en temas de ciberseguridad.
- Hacer del impacto social una prioridad. El nivel de consciencia e impacto de las organizaciones en su entorno social y ambiental es cada vez mayor. En las empresas familiares esto no es la excepción. Involucrar a los miembros de la familia en acciones y proyectos específicos que impacten positivamente su entorno, tiene un efecto poderoso tanto para el negocio como para la vivencia y estrategia del mismo. Cada vez más las familias empresarias son conscientes de este efecto y le han reservado un espacio de mayor relevancia dentro de sus objetivos y acciones estratégicas, tanto dentro como fuera del negocio.
- Enganchar y revitalizar a la familia. Al final del día, el pilar principal de la empresa es la familia en sí. Mantenerla unida, comprometida y contribuyendo al negocio, puede ser un factor diferenciador de rentabilidad, posicionamiento y competitividad. Es necesario que los líderes de la empresa familiar sean conscientes a la diversidad de talentos, capacidades e intereses de los miembros de la familia, y los involucren en consecuencia.
Desarrollar estas competencias, como sugiere Davis, ofrece a las empresas familiares la posibilidad de transformación, de tal manera que continúen generando valor, consolidando los cimientos del legado construido, pero también en armonía con su realidad, lo que le permitirá navegar con éxito cualquier tormenta que se presente en su camino.
Artículo originalmente publicado en la Revista LEGADO, edición agosto 2024.
SOBRE LA AUTORA
Bárbara Mojarro es Directora Regional del Departamento de Gestión y Liderazgo de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey.
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