En muchas familias empresarias las decisiones más importantes se toman entre comidas o durante reuniones improvisadas. Los fundadores consultan a sus hijos o hermanos sobre una nueva inversión o sobre el reparto de utilidades. Esta manera de decidir, tan cercana, ha permitido el crecimiento de miles de empresas familiares.
Cuando la empresa crece, se incorporan nuevas generaciones y aumentan los intereses patrimoniales, las decisiones “de pasillo” empiezan a resultar insuficientes. Ahí es donde el Consejo de socios puede ayudar.
El Consejo de socios: un espacio de diálogo patrimonial y visión compartida
El Consejo de socios es un nuevo órgano de gobernanza creado para aportar estructura y claridad a las decisiones patrimoniales de las pequeñas y medianas empresas familiares. Su función es sencilla pero poderosa: crear un espacio formal donde los socios puedan dialogar, decidir y planear el futuro de su empresa y de su familia con transparencia, confianza y visión compartida.
A diferencia de una asamblea formal de accionistas, que suele integrarse por un requisito legal, el Consejo de socios busca que los propietarios se reúnan varias veces al año para revisar los temas que realmente importan: ¿en qué se reinvertirán las utilidades?, ¿qué hacer ante la llegada de nuevos herederos?, ¿cómo cuidar el patrimonio común?
Este Consejo no sustituye al Consejo de familia ni al Consejo consultivo; más bien los complementa y los conecta. Mientras el Consejo de familia se enfoca en los valores, la educación y la unidad de los miembros, y el Consejo consultivo atiende la estrategia y la operación, el Consejo de socios vela por la propiedad.
¿Por qué las pymes familiares necesitan un Consejo de socios?
Las pequeñas y medianas empresas familiares en América Latina representan más del 90% del tejido empresarial. La mayoría opera sin estructuras formales de gobierno. Esto no significa que las familias no se comuniquen ni se organicen, sino que muchas decisiones patrimoniales se toman de manera informal, sin reglas claras ni registros escritos. Esa informalidad, que al inicio puede parecer práctica, con el tiempo se convierte en una fuente de conflictos. Surgen dudas sobre quién decide qué, cómo se distribuyen los beneficios o cuándo reinvertir. A ello se suman tensiones generacionales: padres que no quieren soltar el control, hijos que buscan innovar y hermanos o primos con visiones distintas del futuro. Este tipo de Consejo ayuda a evitar estos problemas al institucionalizar la toma de decisiones en materia patrimonial.
Un Consejo de socios bien estructurado permite que los fundadores compartan su experiencia, que los herederos aprendan a tomar decisiones y comprendan el valor del legado que heredan. Además, sirve para preparar a los futuros líderes con información, acompañamiento y voz en las decisiones patrimoniales antes de que asuman la dirección total del negocio. Más que un órgano formal, el Consejo se convierte en una escuela de liderazgo familiar.
Cómo empezar
- Crear un Consejo de socios no es complicado. Lo más importante es definir su propósito y comprometerse a hacerlo funcionar de manera constante. Aquí algunos pasos básicos:
- Reunir a los socios (familiares y no familiares) y acordar por qué quieren crear el Consejo. ¿Buscan institucionalizar la empresa? ¿prevenir conflictos?
- Definir las reglas del juego. ¿Cuántas veces se reunirán al año? ¿qué decisiones requieren consenso?
- Designar un coordinador o presidente del Consejo, encargado de convocar, preparar los temas y asegurar el seguimiento de los acuerdos.
- Registrar las decisiones, no por burocracia, sino para proteger a la familia en el futuro.
- Invitar ocasionalmente a un asesor externo. Una mirada independiente ayuda a mantener el equilibrio. Estas prácticas generan orden y fortalecen la confianza entre socios y familiares.
Un instrumento para la trascendencia
Cuando una familia empresaria crea su Consejo de socios, fortalece su capacidad para generar valor. También envía un mensaje claro a empleados, clientes y proveedores: “Somos una empresa con visión, compromiso y responsabilidad transgeneracional”.
Este tipo de estructuras fomenta la transparencia, mejora la comunicación y aumenta la confianza de los inversionistas y de las instituciones financieras. Pero, sobre todo, protege lo más valioso: la relación entre los miembros de la familia.
El Consejo de socios puede ser el primer paso en el camino hacia la institucionalización. A partir de él pueden surgir otros órganos, como el Consejo de familia o el Consejo consultivo, pero su creación ya supone una gran diferencia.
En tiempos de cambio y transición generacional, las familias empresarias necesitan herramientas que les permitan mantener la unidad, profesionalizar la gestión y garantizar la continuidad de su legado. El Consejo de socios es una de esas herramientas: una mesa donde convergen la razón y el afecto, el patrimonio y los valores, la historia y el futuro.
Artículo originalmente publicado en la Revista LEGADO, edición diciembre 2025
SOBRE LA AUTOR
Edgar Ramírez es Profesor-Investigador de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey.
edgar.ramirez@tec.mx
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