En el campo del emprendimiento familiar continúa el debate sobre si los “emprendedores nacen o se hacen”. De hecho, la literatura revela opiniones contradictorias sobre los impactos de influencias sociales y genéticas en el éxito del emprendimiento.
Las investigaciones iniciales sobre los emprendedores se centraron en los rasgos de personalidad, a través de estudios psicológicos que examinaron sus habilidades cognitivas, los procesos que los emprendedores utilizaban y cómo los rasgos de personalidad moderaban esas habilidades. Algunos expertos sugirieron que el éxito emprendedor emana de habilidades innatas o rasgos de personalidad, otros afirmaron que las habilidades para el emprendimiento pueden ser enseñadas y desarrolladas. Es así que se identificaron tres rasgos de personalidad de emprendedores exitosos:
- una fuerte necesidad de logro,
- un locus de control interno y
- una alta propensión al riesgo (Littunen, 2000).
La teoría de la necesidad de logro, identificada por primera vez en el trabajo de McClelland a principios de los años 60, indica que los individuos tienen niveles variables de esa necesidad (Hyote, 2019). Aquellos con una fuerte necesidad de logro generalmente quieren resolver problemas por su propia cuenta y se establecen metas a través de esfuerzos individuales (Littunen, 2000).
El concepto de locus de control, que para los individuos puede ser interno o externo (Rotter, 1966), está relacionado con la necesidad de logro. Los emprendedores exitosos comúnmente tienen un locus de control interno; es decir, pueden ejercer autocontrol sobre sus acciones futuras y creen que tienen control sobre los resultados de esas acciones. Por otro lado, los individuos con un locus de control externo generalmente creen que los eventos, el éxito o las consecuencias serán el resultado de la suerte, factores ambientales o las acciones de otras personas en lugar de las propias (Littunen, 2000).
La propensión al riesgo parece ser el rasgo de personalidad más investigado en el contexto del emprendimiento. Estas investigaciones sugieren que no siempre se utiliza el pensamiento racional al evaluar el riesgo y, además, que algunas personas se sienten cómodas asumiendo mayores riesgos que otras (Stewart y Roth, 2001). Si bien la tolerancia a la ambigüedad en cuanto a lo que se presente en un futuro se ha identificado como un rasgo de personalidad, claramente se asocia con la propensión al riesgo (Mathews, 2008). Además, se sugiere que las personas con alta propensión al riesgo tienden más a emprender, sobre todo cuando en muchos de los casos el emprendimiento existe en situaciones volátiles, inciertas y arriesgadas.
Adicionalmente, la propensión al riesgo se relaciona con las teorías motivacionales, ya que las personas con una alta necesidad de logro frecuentemente establecerán metas desafiantes con cierto riesgo, para maximizar el logro (Stewart & Roth, 2001).
Otros rasgos adicionales de personalidad comunes de los emprendedores exitosos incluyen la innovación, una necesidad de independencia, capacidad para aceptar responsabilidades, capacidad para resolver problemas, autoeficacia, apertura a la experiencia y, lo más importante, resiliencia (Matthews, 2008).
Aunque estos rasgos de personalidad son comunes entre los emprendedores exitosos, la evidencia indica que por sí solos no determinan el éxito empresarial. Además, algunos de los rasgos de personalidad existen en un continuo difuso entre rasgos de personalidad y funciones cognitivas (Cacciolatti & Lee, 2015). Es decir, la personalidad combina rasgos y habilidades cognitivas (Keh et al., 2002; Mathews, 2008).
A finales de los años 90, a través del trabajo de Baron (1998), se dio mayor énfasis a las teorías cognitivas del emprendimiento. Los procesos cognitivos se definen como la recolección, procesamiento y evaluación de la información (Keh et al., 2002). El modelo de Baron (1998) sugiere que los emprendedores son susceptibles a varios sesgos cognitivos, incluyendo:
- Pueden demostrar infusión afectiva permitiendo que las decisiones o juicios se vean influenciados por la emoción, en parte debido a que están comprometidos con su emprendimiento.
- Tienen un estilo atributivo hacia un sesgo de autoservicio; se atribuyen el mérito de los resultados positivos mientras culpan a influencias externas de los resultados negativos para explicar eventos pasados (una mentalidad de locus de control se relaciona con eventos futuros).
- Son pensadores contrafactuales, a menudo sintiendo intenso arrepentimiento por oportunidades percibidas como perdidas. A menudo son obstaculizados por la falacia de planificación y, por lo tanto, incapaces de estimar con precisión el tiempo requerido para lograr una meta. Sufren problemas de escalada de compromiso al ser incapaces de reconocer la sobreinversión en un proyecto, mostrando un temor agudo al fracaso y necesitando justificar decisiones pasadas.
Como ha explicado Mathews (2008), el emprendimiento exitoso es resultado de un emprendedor interactuando con su entorno sectorial, social y económico. Estos emprendedores poseen resiliencia y ciertos rasgos de personalidad y procesos cognitivos que les permiten aprovechar positivamente los factores ambientales. En línea con esto, Timmons & Stevenson (1985) sugieren que hay un límite en la enseñanza de habilidades, y que muchas de esas capacidades solo se obtienen a través de la experiencia. De manera similar, Krueger (2001) y Fuller et al. (2018) creían que los estudiantes de emprendimiento podían beneficiarse de “aprender a aprender” a través de la enseñanza basada en problemas.
Entonces, ¿los emprendedores nacen o se hacen? Parece que hay suficiente evidencia para sugerir que los emprendedores nacen y se hacen mejores... a través de la experiencia.
Artículo originalmente publicado en la Revista LEGADO, edición diciembre 2025
SOBRE EL AUTOR
Justin B. Craig es Faculty of Excellence de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, Profesor en Bond University y en Kellog School of Management.
justin.craig@tec.mx
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