Gobernar va más allá de establecer quién toma las decisiones, implica crear las condiciones para que estas surjan de un proceso colectivo. Del mismo modo, influir no significa únicamente expresar una opinión, sino contribuir a que el sistema comprenda mejor los desafíos y tome mejores decisiones.
“Hemos construido acuerdos familiares. Tenemos Consejos. Hemos dedicado años a fortalecer nuestra gobernanza. Entonces, ¿por qué las reuniones siguen sintiéndose iguales? ¿Qué sucede entre nosotros?” Son preguntas que he escuchado más de una vez en familias empresarias. Detrás de ellas suele aparecer otra, mucho más personal: “Si también soy accionista, ¿por qué siento que mi participación no hace diferencia?”.
Esta pregunta la escuché al terminar una reunión de Consejo. Durante varias sesiones, el hermano del presidente había cuestionado decisiones y propuesto alternativas. Estaba convencido de que el problema era evidente: su familia no lo valoraba, ni escuchaba.
Pero dentro de la sala, la percepción era distinta: “No comprende el contexto”. “Siempre encuentra lo que falta”. “Sus comentarios no ayudan a que la conversación avance”.
Nadie cuestionaba su pertenencia ni su derecho a participar. El reto era otro: transformar sus intervenciones en aportaciones que ayudaran a la familia a pensar mejor. Él, en cambio, estaba convencido de que simplemente no era valorado y que la gobernanza no funciona.
Después de más de veinte años acompañando a familias empresarias, comprendí que el problema rara vez está solo en las estructuras. Las familias invierten tiempo y esfuerzo en construir acuerdos, consejos, políticas y reglas de sucesión y, aun así, hay familias con estructuras semejantes que obtienen resultados muy distintos. La diferencia está en la capacidad que desarrollan para relacionarse a través de ellas.
Fue entonces cuando entendí que existe una forma de gestión indispensable para que esas estructuras cobraran vida: gobernanza invisible.
La gobernanza invisible es la capacidad relacional que permite a una familia transformar las diferencias inevitables —de personalidad, rol, autoridad, responsabilidad y poder— en conversaciones que generan valor, fortalecen la confianza y construyen la legitimidad necesaria para avanzar hacia un propósito compartido.
Quizá por eso algunas familias sienten que, después de años de fortalecer su gobernanza, poco cambia en la práctica. No es porque su esfuerzo haya fracasado, sino porque las estructuras, por sí solas, no desarrollan la capacidad para relacionarnos de una manera distinta.
La gobernanza organiza; las conversaciones transforman
La gobernanza visible responde preguntas fundamentales: ¿quién participa?, ¿quién decide?, ¿bajo qué reglas? La gobernanza invisible responde solo una: ¿cómo desarrollamos la capacidad para que nuestra manera de participar fortalezca al sistema?
Porque gobernar no consiste únicamente en definir quién decide, sino en desarrollar la capacidad para que esas decisiones puedan construirse de manera colectiva.
Influir no consiste únicamente en tener voz. Consiste también en ayudar a que el sistema comprenda mejor, piense mejor y, como consecuencia, decida mejor.
Muchos miembros de la familia asumen que la legitimidad proviene del apellido, del cargo o del conocimiento. Sin embargo, la experiencia me ha mostrado otra cosa: La pertenencia se hereda. La legitimidad para influir se construye.
Con frecuencia me preguntan: "¿De qué sirve participar si al final las decisiones ya están tomadas y mi opinión no cambia el resultado?"
Es una pregunta legítima, pero parte de una idea equivocada sobre el propósito de la participación. Participar no siempre significa convencer, significa contribuir.
Todos tienen un lugar dentro de la familia. La diferencia está en cómo cada miembro aprende a contribuir. La próxima vez que entres a una reunión familiar, hazte una sola pregunta: ¿Qué necesita de mí esta conversación para ayudar a que todos pensemos mejor?
Algunas conversaciones cambian decisiones y otras no. Pero todas pueden fortalecer la capacidad de una familia para comprenderse mejor, generar confianza y decidir juntos en el futuro.
Esta capacidad exige práctica y un cambio de mentalidad. Dejemos de intentar convencer y comencemos a comprender. Dejemos de medir nuestra participación por el peso de nuestra opinión y empecemos a medirla por el valor que deja nuestra contribución.
Exige paciencia. La madurez colectiva rara vez se construye en una sola reunión.
He comprobado que las familias que trascienden generaciones no tienen menos diferencias, tienen mejores conversaciones. Cuando cambia la calidad de sus conversaciones, también cambia la forma en que ejercen la autoridad, la responsabilidad y el poder.
Es ahí donde la gobernanza visible comienza a cobrar vida. Las estructuras organizan quién participa y quién decide; la gobernanza invisible desarrolla la capacidad para que esa participación genere valor, fortalezca la confianza y construya legitimidad.
No busca que todas las voces pesen lo mismo, sino que cada integrante aprenda a aportar el mayor valor posible desde el rol que le corresponde.
Quizá la próxima vez que una familia se pregunte: “¿Por qué nuestras reuniones siguen sintiéndose iguales?”, la respuesta ya no esté en crear un nuevo acuerdo, modificar un reglamento o diseñar otra estructura. Tal vez la verdadera pregunta es “¿Qué necesitamos aprender sobre nuestra manera de relacionarnos para transformar, por fin, lo que sucede entre nosotros y, con ello, la forma en que construimos juntos?"
Porque la gobernanza invisible no sustituye a la gobernanza visible. La hace posible.
SOBRE EL AUTOR
Dunia Guzmán es Consultora en Akator y Profesora de cátedra en la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey.
duniaguzman@tec.mx
Algunas preguntas para reflexionar:
¿Qué es la gobernanza invisible en una familia empresaria?
La gobernanza invisible es la capacidad relacional que permite transformar las diferencias familiares en conversaciones que generan valor, fortalecen la confianza y construyen legitimidad para avanzar hacia un propósito compartido.
¿Cuál es la diferencia entre gobernanza visible y gobernanza invisible?
La gobernanza visible establece quién participa, quién decide y bajo qué reglas. La gobernanza invisible desarrolla la capacidad para que esa participación fortalezca al sistema y permita construir mejores decisiones de manera colectiva.
¿Cómo pueden las familias empresarias mejorar sus conversaciones?
- Para mejorar sus conversaciones, las familias pueden:
- Dejar de intentar convencer y comenzar a comprender.
- Practicar la escucha y valorar las aportaciones por el valor que generan.
- Medir la participación por la contribución y no por el peso de la opinión.
- Tener paciencia para construir madurez colectiva.
¿Cómo se construye la legitimidad para influir en una familia empresaria?
La pertenencia se hereda, pero la legitimidad para influir se construye. Influir no significa únicamente expresar una opinión, sino contribuir a que la familia comprenda mejor, piense mejor y tome mejores decisiones.
¿Por qué las estructuras de gobierno familiar no siempre funcionan?
Las estructuras por sí solas no desarrollan una manera distinta de relacionarse. Para que funcionen, es necesario:
- Transformar las diferencias en conversaciones que generen valor.
- Fortalecer la confianza entre los integrantes.
- Desarrollar la capacidad de participar y decidir colectivamente.
- Construir legitimidad para influir.
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