Skip to main content
Tecnológico de Monterrey Tecnológico de Monterrey
  • ES
  • EN
  • Home
  • About
  • Courses
  • Publications
  • Resources
    • Blog
    • Revista LEGADO
    • Publications
    • LEGADO Live
    • Webinars 2026
    • Webinars 2025
    • Webinars 2024
    • Webinars 2023
    • Webinars 2022
    • Webinars 2021
    • Newsletter
    • Territorio Negocios
    • Inspiration Notes
    • Mindmaps
  • Family Business Forum LATAM
  • IFEM Community
  • Contact
  • ES
  • EN
¿Somos ricos? Jacqueline Schwartz

¿Somos ricos? | Blog

2026-08-26
Jacqueline Schwartz
Dossier

Preservar el legado no consiste solo en transmitir un patrimonio, consiste también en reconocer los valores, las creencias y las formas de relacionarse que dieron forma a la identidad de la familia. 

Cuando una familia empresaria decide detenerse a pensar en su continuidad, es frecuente que las primeras preguntas aparezcan alrededor de lo que todavía falta resolver: ¿necesita un protocolo familiar?, ¿cómo debería ser el proceso de sucesión?, ¿debe crear un Consejo de familia o un Consejo de administración?, ¿cómo organiza el patrimonio? 

Todas son preguntas importantes y necesarias. Sin embargo, después de acompañar a familias empresarias de distintas generaciones, culturas y realidades, cada vez confirmo más que los momentos que verdaderamente cambian el rumbo de una familia no suelen comenzar con la respuesta a esas preguntas, sino mucho antes: cuando la familia deja por un momento de hablar de la empresa, de los negocios, de los balances y de las inversiones, y empieza a hablar de sí misma. 

¿A qué me refiero con hablar de familia? A ese momento en que la mirada deja de estar puesta únicamente en la empresa y empieza a enfocarse en quienes la fundaron y la hicieron crecer, en quienes hoy participan activamente, en quienes acompañan desde otros lugares, en las nuevas generaciones que empiezan a construir su propio camino y también en quienes ya no están, pero dejaron una huella que sigue presente. 

Es reconstruir la historia que los trajo hasta ahí, reconocer los sacrificios que muchas veces quedaron en silencio, las decisiones difíciles que permitieron avanzar, las crisis que lograron atravesar juntos y también aquello que quizás no salió como esperaban, pero dejó aprendizajes necesarios para llegar hasta ese momento.  

Porque estos procesos tienen algo profundamente sanador: permiten poner sobre la mesa conversaciones pendientes, saldar cuentas con la historia y elegir qué quieren llevar hacia adelante. 

Es reconocer los valores, refranes y formas de vincularse que fueron pasando de generación en generación y que, aunque nunca fueron escritos, terminaron formando parte de su identidad. 

Esta pausa necesaria permite a la familia descubrir una riqueza cuya dimensión pocas veces había alcanzado a ver: la riqueza de todo aquello que ya posee. 

Porque cuando hablamos del patrimonio de una familia empresaria solemos pensar en empresas, inmuebles, inversiones o estructuras societarias, pero existe un patrimonio aún más valioso: la propia familia.  

La continuidad empieza cuando una familia reconoce la abundancia de lo que ya tiene y decide construir desde ese lugar. 

Una familia que solo mira lo que falta suele relacionarse con el futuro desde el miedo: miedo a perder lo construido, al conflicto o a que las siguientes generaciones no estén preparadas. Y desde el miedo aparecen muchas veces la urgencia, el control y la necesidad de asegurar. 

Pero cuando la familia logra mirar hacia atrás y hacia adentro, y reconocer todo lo que ya fue capaz de crear, la conversación cambia. Deja de verse frente a una lista de problemas por resolver y empieza a reconocerse como parte de una historia que ya logró construir muchísimo. 

Y entonces aparece una pregunta distinta: ¿qué quieren crear juntos a partir de todo eso que recibieron? 

Porque cuando hablamos de familias, el origen de una conversación cambia su destino. El lugar desde donde una familia decide construir transforma también aquello que termina creando. En estos procesos, el orden de los factores sí altera el resultado. 

Desde ese lugar, las herramientas encuentran otro sentido. 

Un protocolo familiar deja de ser simplemente un documento para evitar conflictos y se convierte en una oportunidad para expresar acuerdos y definir cómo quieren caminar. Un Consejo de familia deja de ser una reunión más y pasa a ser un espacio para construir futuro juntos. Una estructura patrimonial deja de mirar únicamente los activos y empieza a reflejar un proyecto compartido. 

Quizás esa sea una de las grandes diferencias entre una empresa con apellido y una familia con un proyecto compartido. 

Una empresa con apellido puede limitarse a administrar lo que tiene; una familia con un proyecto compartido se anima a conversar para qué lo tiene, qué quiere hacer con eso que recibió y qué desea dejarles a quienes vienen después. 

Y tal vez haya llegado el momento de incorporar una palabra que durante mucho tiempo quedó fuera de la agenda de las familias empresarias: amor. 

No como un concepto romántico o alejado de la gestión, sino como una responsabilidad concreta de dedicar tiempo y energía a cuidar aquello que hizo posible la continuidad. Porque escucharse, conocerse, hablarse con respeto, transmitir historias, construir confianza y aprender a decidir juntos también es parte del trabajo de una familia empresaria. 

Me gusta pensar que cada familia empresaria recibe una urna. Cada una contiene una combinación única de aprendizajes, valores, recursos económicos, vínculos y oportunidades. Ninguna generación está llamada únicamente a conservar aquello que encontró. La verdadera responsabilidad consiste en ampliar esa vasija para que quienes lleguen después encuentren más posibilidades de las recibidas.  

Quizás por eso las conversaciones más importantes para la continuidad no empiezan preguntándose únicamente qué falta construir, sino si se es realmente consciente de todo lo que ya hay en la vasija. 

Cuando una familia reconoce la abundancia de su historia, sus vínculos y sus aprendizajes, la gobernanza deja de ser solamente una herramienta para proteger el patrimonio y se transforma en una forma de honrar el pasado, vivir con mayor conciencia el presente, y crear las condiciones para que las próximas generaciones puedan escribir su propio capítulo.

 

Artículo originalmente publicado en la Revista LEGADO, Edición agosto 2026

 


SOBRE LA AUTORA

Jacqueline Schwartz es fundadora y CEO de Legado ConSentido.  

jschwartz@legadoconsentido.com 


 

      Tal vez te puede interesar:

 
Podcast LEGADO Live

 

Únete a la Comunidad de familias empresarias IFEM

Asiste al Family Business Forum LATAM 2026

Family Business Forum LATAM IFEM

 

Descarga la revista LEGADO

Revista LEGADO

 


¿Formas parte de una familia empresaria?

Comunidad IFEM

Síguenos en redes sociales

  • LinkedIn
  • Instagram
  • Facebook
Logo Footer Tecnológico de Monterrey
  • Home
  • About
  • Courses
  • Publications
  • Resources
    • Blog
    • Revista LEGADO
    • Publications
    • LEGADO Live
    • Webinars 2026
    • Webinars 2025
    • Webinars 2024
    • Webinars 2023
    • Webinars 2022
    • Webinars 2021
    • Newsletter
    • Territorio Negocios
    • Inspiration Notes
    • Mindmaps
  • Family Business Forum LATAM
  • IFEM Community
  • Contact

Rufino Tamayo y Av. Eugenio Garza Lagüera, Valle Oriente, 66269 San Pedro Garza García, N.L.

© 2026. EGADE Business School, todos los derechos reservados.

Aviso legal | Políticas de privacidad | Aviso de privacidad

© 2026 Instituto de Familias Empresarias para México y Latinoamérica

EGADE Business School | Tecnológico de Monterrey