El arraigo territorial y humano ha definido históricamente a las empresas familiares, pero la transformación social actual exige que renueven valores y estrategias para mantener su compromiso sostenible con las comunidades y las generaciones futuras.
Asistimos a una profunda evolución de proyectos empresariales familiares que avanzan para reforzar su competitividad y la contribución social desde el ámbito en el que desarrollan su actividad. Su naturaleza les conduce a mantener una fuerte vinculación con su entorno social, y de esta manera, promueven la mejora de vida de las comunidades en que se insertan.
La generación de riqueza de forma sostenible, la apuesta por el desarrollo de empleo de calidad, la vinculación con proyectos sociales cercanos, son elementos consustanciales al arraigo territorial y humano de las empresas familiares.
A partir de este rasgo propio, las empresas familiares se enfrentan hoy con una situación social cambiante que exige nuevas estrategias y comportamientos. En muchas capas de la sociedad la transformación de valores está siendo amplia y profunda: crece de forma alarmante el individualismo (con notables excepciones de comportamientos más solidarios), la inmediatez en todos los ámbitos de la vida se generaliza, se desdibuja o elude el compromiso intergeneracional –tan inherente con el mismo concepto de empresa familiar– y el hedonismo se extiende en muchas esferas de comportamiento social.
Este es el contexto en que las empresas familiares están evolucionando para sostener la necesidad de promover estrategias empresariales que integren la rentabilidad económica y la rentabilidad social en su ADN y en todos los ámbitos de gestión. Es momento de revisar la ideología de la empresa, el propósito familiar vinculado con la empresa, los valores que presiden su actuación, etc. Un momento crítico en el que las estrategias innovadoras de futuro estarán profundamente ligadas con el binomio: “objetivos empresariales y acción de mejora de la sociedad”.
Sobre el tremendo camino recorrido por la empresa en este sentido, creo que es imprescindible construir para fomentar una mayor influencia y apertura de la empresa hacia lo social, proyectos de desarrollo inclusivos que asuman la generación de riqueza y de valor social en su estrategia empresarial de forma integrada. El propio desarrollo de las actividades de la empresa debe contribuir al crecimiento del valor social generado. En el futuro, como decía Michael Porter, “las empresas que no combinen la generación de valor económico y social compartido no van a ser competitivas”.
Hemos asistido a diversas etapas en el desarrollo de la responsabilidad social de las empresas, incluidas las familiares. Durante muchos años las grandes empresas asumían responsabilidades sociales que hoy en día corresponden a los gobiernos (vivienda, escolaridad, salud, etc.), y aún lo hacen en territorios poco desarrollados. Después se ha ido avanzando en modelos de responsabilidad social corporativa, dónde el vector más destacado ha sido la filantropía. Hoy estamos transitando hacia la generación de valor compartido que se traduce en empresas más humanas, más sostenibles y, más integradas en las comunidades en las que operan, con lo que se establece un campo para la realización de actuaciones filantrópicas.
La pregunta que surge ante esta evolución para las empresas familiares es: ¿son incompatibles la generación de valor compartido con la filantropía o pueden convivir en una misma estrategia de futuro? Creo firmemente que deben confluir en una visión estratégica de futuro de la empresa familiar para desarrollar un proyecto empresarial competitivo y una aportación de valor social en los ámbitos definidos en su propósito estratégico, entre otras, a través de una estrategia de filantropía acorde con su propia identidad familiar y empresarial.
La Real Academia de la Lengua Española define la filantropía como “una actitud solidaria y desinteresada hacia los demás, especialmente hacia quienes más lo necesitan”. Aplicando este concepto a la filantropía empresarial podemos sintetizarla como el conjunto de acciones que voluntariamente realiza la empresa para apoyar causas de cualquier ámbito de la sociedad, sin que tenga relación con sus objetivos comerciales específicos.
A lo largo de mi carrera como consultor de estrategia empresarial he visto que muchas empresas familiares han asumido un rol de apoyo a múltiples iniciativas sociales en las que se dispersa el impacto de las aportaciones en “tiempo, conocimiento y recursos económicos”, ya que adolecen de estrategias de filantropía por parte de la familia y la dirección de la empresa.
La aportación de valor social de la filantropía en las empresas familiares debe estar fuertemente asentada en los valores y principios ideológicos de la familia, vertebrados en un compromiso intergeneracional que potencie el impacto en la comunidad de sus actuaciones. Los miembros de la familia deben asumir este compromiso en la dualidad de objetivos de generación de valor económico y social. Comprender, como decía Audrey Hepburn que “con el tiempo y la madurez descubres que tienes dos manos, una para ayudarte a ti misma y, otra para ayudar a los demás”, y desde ahí se genera un compromiso inequívoco con el impacto de la empresa en la sociedad.
Animaría a la empresa familiar, siempre de acuerdo con su ideología particular, a definir una estrategia de filantropía propia que incorpore la selección de uno o dos ámbitos específicos de focalización de sus actividades (educativo, social, cultural), que estén vinculados con el propósito estratégico empresarial para afianzar el compromiso de largo plazo.
La generación de una “causa” colectiva en torno a esta estrategia de futuro ayuda a construir un proyecto de naturaleza intergeneracional que favorece la creación de valor social sostenido, facilita el aprendizaje y la innovación de actuaciones de forma permanente. También apoya la adaptación a los cambios sociales que se producen, contribuye a establecer las alianzas y colaboraciones necesarias para realizar los programas o líneas de actuación que pueden ayudar a unir conocimientos y recursos para abordar problemas complejos, facilitando la participación de los miembros de la empresa.
Muchas empresas familiares desestiman la generación de estas estrategias de filantropía porque consideran que no generan el impacto suficiente. Yo las animaría a abordarlas con decisión, siguiendo a Eduardo Galeano que nos dice: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.
SOBRE EL AUTOR
Sabin Azua es presidente de Eusmex S.L.
sazua@eusmex.com
Artículo originalmente publicado en la Revista LEGADO, edición agosto 2025
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